sábado 1 de noviembre de 2008

¿Dos Españas?


Sintiéndome republicano, cristiano y cofrade, no pocas veces me he encontrado con la incomprensión de algunos amigos que, teniendo como referente la II República y la Guerra Civil, son incapaces de comprender que mi preferencia por un jefe de estado elegible para mi país -España- en un futuro que me gustaría próximo no tiene por qué ser incompatible con mi fe a la que me entrego con pasión y a la que quiero y estimo como la niña de mis ojos, como algo irrenunciable de mi forma de ser y pensar, como lo que es, parte irrenunciable de mí mismo. Supongo que no es fácil entender que me parezca igual de deleznables los abusos de unos y otros en aquella guerra fraticida.
A mi me parece reprochable la quema de templos y la persecución religiosa que algunos cometieron amparándose en una democracia que no era ya tal, al escapárseles de las manos al poder a los depositarios del mismo por la fuerza de las urnas, una clase política media y burguesa que llegado el momento de hacer valer su autoridad; no pudieron hacerlo por ser incapaces de controlar a sus propios compañeros de viaje en aquella carrera electoral de 1936, revolucionarios marxistas y backunistas. Pero también me parece igual de repugnante el asesinato sistemático de personas, irreligiosas o no, en nombre de una Iglesia de la que, como católico formo parte, aunque como ser humano le reprocho que sostuviera esa situación. Y todo disfrazándolo con el nombre de cruzada, como si repetir los errores cometidos hace cerca de mil años justificara los nuevos. Manda bemoles.
No es que quiera ahora justificar lo injustificable. Pero creo que no fueron las ideas o las convicciones de unos u otros las responsables de la, quizá, peor matanza –y recalco este término- que padecimos en nuestra patria –y perdóneme si uso un término algo anticuado para la mente de hoy-. Fue el odio y el rencor acumulado por las dos partes a lo largo de toda nuestra Historia contemporánea, en el enfrentamiento entre anticlericales y clericales con un trasfondo político e ideológico que cada vez se volvía más apasionado y hasta visceral -les recomiendo echen un vistazo a la obra de Manuel Revuelta, “El anticlericalismo español en sus documentos”- que se acumuló hasta que estalló con más fuerza de la que unos y otros jamás hubieran deseado e imaginado
Esta situación se fue calmado a partir del último tercio del siglo XX, a raíz del concilio Vaticano II, cuando la Iglesia pudo al fin realizar una profunda revisión que, sobre todo en la sensible España, permitió que se acercaran aquellos que se sentían más lejos, y se tomaran en su justa medida a los que habían sido sus únicos acompañantes, dejando además de lado el juego político.
En cuanto a los políticos, la izquierda supo abandonar los postulados más revolucionarios. Los socialistas de Felipe González renunciaron al marxismo y se definieron como un partido socialdemócrata, como lo eran sus compañeros en Europa occidental y los comunistas de Carrillo que, junto a sus compañeros de Francia e Italia, se desvincularon de los abusos de la Unión Soviética y formularon el Eurocomunismo. Por su parte la derecha, en el poder ilegítimamente desde la guerra civil, empezaron a verse síntomas de cansancio con un régimen que a su manera también padecían. Muchos deseaban una normalización política del país que llevara, tanto a una situación de acercamiento con los demás países de nuestro entorno, como a una prosperidad económica que lo consolidara. Afortunadamente para todos, se llegó al convencimiento común de que no hay mejor vía para resolver conflictos que el diálogo y nada que legitime más y mejor que el veredicto de las urnas cada cuatro años.
Pero que pasa en mi país en estos albores del siglo XXI, que hay quien se divierte jugando al guerracivilismo, y así no dudan en manipular a su antojo algo que yo considero tan sagrado como la Historia, la Historia, en mayúsculas. Más allá de las opiniones particulares. La Historia común que tenemos TODOS los españoles, que está ahí para que la apreciemos, para que la defendamos, para que comprendamos nuestros porqués y, quizá sea lo más importante, para que aprendamos a no repetir los errores, los graves errores que cometieron tiempo atrás nuestros compatriotas. Sólo espero que los ánimos se calmen, que los que juegan a este juego macabro, me da igual que sus abuelos estuvieran en un bando o en otro –los míos estuvieron en ambos-, dejen de manosear una heridas que aun hoy, setenta años después, duelen, no las han dejado cicatrizar. Dejémoslo estar. Me da igual que sean Zapateros, Jiménezes Losantos, Aznares, Llamazareses, Fernándezes de las Vegas, Rajoyses o lo que sean. ¡¡¡Déjennos en paz!!!.
Que vuelvan los políticos serios, los periodistas de verdad. Aquellos que se ocupaban de cumplir con su trabajo sin echar las culpas de todo, empezando por su propia ineptitud e incapacidad para ocupar un puesto de responsabilidad como un sillón o un micrófono a un rival que nunca debió volverse a considerar enemigo o lo que es peor, a sus abuelos.
Españolito que vienes al mundo te guarde Dios…

2 Sus comentarios:

India dijo...

Cada uno es como es... y todos tenemos que ser tolerantes con las creencias ajenas siempre y cuando no se perjudique con ellas al resto o se comentan en su nombre delitos.

Firmado: Una republicana de izquierdas, medio cristiana, que cree en la NO necesidad de iglesias, curas y monjas para seguir una fé.

Gerardo Macías dijo...

Está bien eso de que haya dos Españas... así cuando nos cansemos de estar aquí nos podemos ir todos a la otra a buscar trabajo...

Por lo demás, con la mentalidad que tenemos en esta España y en la otra, no necesariamente la República saldría más barata que la Monarquía, porque la República les pondría un sueldo a los políticos vigentes pero también a los políticos jubilados...