Hace ahora una semana, la noche del pasado Jueves Santo, fue un día muy importante y emotivo en mi vida personal y en la pequeña Historia de mi Hermandad. Aquella noche, un pequeño grupo de hermanos vivimos nuestra Última Madrugá después de una apoteosica salida en Estación de Penitencia tres días antes, nuestro primer Lunes Santo.Allí, donde siempre, la parroquia de Santa Teresa, nos reunimos un pequeño grupo que nos habíamos estado encontrando allí, con esa, veintidós veces. Fue una noche emotiva que ninguno, seguro, olvidaremos en nuestras vidas.
Éramos pocos, los que él quiso. Aunque no los menos nostálgicos. Todos los presentes éramos conscientes de lo que entrañaba salir en la Madrugá, de las inclemencias de todo tipo a los que se sometían nuestros hermanos, la mayoría apenas aguantaba dos ó tres años. Todos aguantamos en nuestras carnes la soledad, la indiferencia e incluso las burlas de los que se postulaban -y postulan aun- como grandes cofrades de Huelva y lo que más duele, el desprecio hacia nuestros titulares, y no sólo por parte de indeseables que toman la noche y se caracterizan por su falta de respeto a todo y a todos.Hicimos lo que debimos. Luchamos por dejar atrás esa dañina jornada y, paradógicamente, sentimos morriña esa noche preguntándonos continuamente donde estariamos en ese momento.
Allí nos vimos amigos que nos encontrábamos anualmente en esa hora y lugar en veintidós años junto a otros que se fueron incorporando en este tiempo.
Juntos rezamos un sentido Via+Crucis a oscuras, siguiendo la primera cruz de guía, aquella totalmente lisa sin más aditamentos que dos abrazaderas a los lados, escoltada por los faroles que terminaron de quemar la cera roja sobrante del glorioso Lunes Santo. Atrás, dos filas de pequeñas velas, poca más de una treintena en la oscuridad del templo y observados por nuestro Cristo y nuestra Virgen desde su paso, con los candelabros de su paso alumbrándolos y la sombra de ambos, proyectada por un foco desde el otro extremo del templo, como testigos de todo.
Todos estamos contentos, felices, pletóricos, por el magnífico futuro que le espera a nuestra Hermandad a partir de ahora y por lo bien que fue todo el Lunes Santo, mejor de lo que creímos. Día que disfrutamos como nunca antes en la Madrugá y en el además nos ganamos, por fin, el respeto y el cariño de Huelva en general, y de La Orden en particular. Pero han sido con aquella, veintidós Madrugás, y quiérase o no, eso queda.


1 Sus comentarios:
Amigo.
Creo que el giro de tu hermandad, ha sido el adecuado. Lastima que no lo pude presenciar, por aquello de las vacaciones. este año, me tocaba conocer la S.S de Ronda.
Aun recuerdo cuando en solitario bajabais la cuesta de La Cinta. Acudíamos unos cuantos de la barriada del Carmen y el cortejo.
Publicar un comentario en la entrada